Osho y las emociones: Guía para el autoconocimiento y la libertad

Pocas voces del siglo XX han hablado de las emociones con la libertad y la falta de prejuicios con que lo hizo Osho. Acercarse a su mirada sobre Osho y las emociones es asomarse a una propuesta que rompe con casi todo lo que nos enseñaron de pequeños sobre el control, la represión y la idea de que sentir mucho es un problema. Su perspectiva, que conecta directamente con herramientas de autoconocimiento como el Tarot Osho Zen, invita a dejar de pelear contra lo que sentimos y a empezar a habitarlo con curiosidad y ternura.

Para Osho las emociones nunca fueron obstáculos que hubiera que aplastar o disimular. Las entendía como energías vivas que piden ser comprendidas y dejadas pasar, no domesticadas a base de fuerza. Su invitación constante era a regresar a la esencia natural de cada uno, esa que existía antes de que el condicionamiento social nos enseñara qué estaba bien sentir y qué no.

El ego como raíz del sufrimiento

Si hay un hilo conductor en las reflexiones de Osho sobre lo emocional es la relación íntima que existe entre el sufrimiento y el ego. Para él, el dolor casi siempre es la sombra del orgullo herido y de la necesidad de autoafirmación constante. Cuando el ego se siente amenazado por algo o por alguien, brotan las emociones que llamamos negativas y que enturbian la percepción de lo que está pasando realmente. Si hay dolor, viene a decirnos, es porque hay un ego al que se le ha tocado un nervio: en el momento en que uno deja de defender una imagen personal concreta, ese sufrimiento empieza a perder fuerza casi por sí solo.

La clave de la gestión emocional, en su propuesta, no es la represión sino la observación tranquila. No se trata de luchar contra lo que sentimos como si fueran enemigos, sino de permitir que la energía circule sin que el ego intente controlarla, racionalizarla o justificarla. Esta forma de relacionarse con las emociones también ahorra una cantidad enorme de energía vital, esa misma que normalmente gastamos en demostrar a los demás quiénes somos. Cuando uno conoce su esencia de verdad, la necesidad de validación externa simplemente desaparece, y con ella desaparece también buena parte del agotamiento cotidiano.

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Volver a la simplicidad del niño

El autoconocimiento, en la lectura de Osho, implica un retorno consciente a la simplicidad. Igual que un niño llega al mundo sin máscaras y sin guion, el adulto debería aprender a desprenderse poco a poco de prejuicios, expectativas y juicios heredados. La mente, en este planteamiento, debe usarse como una herramienta para canalizar el yo auténtico, no como un juez severo que dicta qué emociones son aceptables y cuáles no merecen aparecer en escena. Esta es una de las razones por las que integrar pensamientos y meditaciones en la vida diaria tiene tanto sentido dentro de su filosofía: la práctica continua es la única forma de que estas ideas dejen de ser conceptos bonitos y pasen a ser experiencia vivida.

Su filosofía sobre el dolor se sostiene en la aceptación radical de lo que hay. En lugar de resistirse a las dificultades como si fueran un error del universo, Osho propone vivirlas con plena consciencia, asumiendo cada situación como parte del papel que nos toca interpretar en el teatro de la vida. Al hacerlo, dejamos automáticamente de ser víctimas pasivas de las circunstancias. De ahí también su insistencia en el desapego material, no como una renuncia ascética y triste sino como el reconocimiento sereno de que las cosas son transitorias y de que la riqueza verdadera vive en lo que uno lleva dentro. Cuando se actúa desde la esencia, las decisiones brotan con naturalidad, sin el ruido de las estimaciones mentales y sin el miedo al juicio ajeno tirando de las riendas. Y la libertad emocional, en última instancia, está en ese movimiento continuo hacia adelante, en no permitir que los impulsos del pasado gobiernen lo que se vive hoy.

La enseñanza de Osho nos recuerda con suavidad que en el camino espiritual no hay batallas que ganar contra uno mismo. Al soltar el control y abrazar la propia naturaleza, las emociones dejan de ser una carga pesada para convertirse en la expresión fluida de la propia existencia. Si sientes que algo de todo esto te resuena pero no terminas de saber por dónde empezar a aplicarlo en lo concreto, las tarotistas expertas de Tarot10 atienden por teléfono. Una llamada en uno de esos momentos en los que necesitas verte desde fuera puede aclararte mucho qué dirección tomar.